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Relatores:

Francisco Javier Bugallo Siegel.
Universidad Politécnica de Madrid

Francisco Javier Díaz Castro.
Instituto Astrofísico de Canarias

Carlos Lozano Arribas.
Universidad Politécnica de Madrid

Jose Ignacio Urraca Piñeiro.
Ayuntamiento de Zaragoza

Colaboradores técnicos:

Mª Dolores Duran Blas.
Aena

Dionisio Gonzalez Canomanuel.
Aena

Salvador Lorente Calvo.
Aena

Felipe Sanchez.
Aena

Jorge Servet del Río.
Universidad Politécnica de Madrid

Rodrigo Solano.
Aena

Coordinador:

Jose Miguel Peña Perez.
Aena


 Como resumen de la ponencia, se pueden extraer las siguientes recomendaciones, que corresponden al estado actual de la materia y que, por tanto, podrán ir evolucionando conforme se profundice en el estudio de la contaminación lumínica.

· La concepción, diseño, cálculo y montaje de las instalaciones de alumbrado deberían ir encaminados a cumplir los requisitos de cantidad y calidad de la luz expresados en la normativa vigente, para las distintas tipologías existentes, con la mayor eficiencia energética que permita alcanzar consumos racionales de energía, sin sacrificar las condiciones de confort y seguridad de los usuarios.

· Entre los posibles diseños que satisfagan los parámetros de cantidad y calidad de la luz se deberían adoptar aquellos que tengan un menor impacto en el medio ambiente, permitan una mayor conservación de las reservas energéticas y que sus costes de instalación y mantenimiento sean iguales o el incremento de los mismos sea amortizable en un plazo corto (unos cinco años).

· Utilizar los niveles de iluminación indicados en las normas. En este sentido, habría incluso que considerar los valores mínimos recomendados como valores objetivos a conseguir.

· Instalar aquellas lámparas que tengan una mayor eficacia luminosa (lumen/vatio) entre aquellas que cumplan los demás parámetros del proyecto de alumbrado. Atendiendo a su espectro, las lámparas menos contaminantes son las que no emiten radiaciones en/o por debajo de la zona del azul y ultravioleta (en particular longitudes de onda inferiores a 440 nm) y tienen sus máximos de radiación en la zona verde del espectro (en particular de 510 a 555 nm). En su defecto, los más próximos al verde pero con mayores longitudes de onda (menores a 780 nm, es decir, colores amarillo, naranja y rojo).

· Las luminarias para el alumbrado público deben estar provistas de bloque óptico, de forma que se controle la emisión de luz en el hemisferio superior, al tiempo que se aumenta el factor de utilización en el hemisferio inferior. Cuando se utilicen proyectores, además de cuidar su apuntamiento, se debería prever la instalación de dispositivos que controlen la dirección del flujo luminoso emitido, reduciendo el deslumbramiento y los otros efectos de la contaminación luminosa. En todos los casos, la distribución fotométrica de las luminarias y proyectores debería ser la adecuada para obtener la máxima eficiencia energética de la instalación.

· En el diseño de las instalaciones de alumbrado hay que tener en cuenta la posibilidad de utilizar, como fuente de alimentación, energías renovables.

· Desde los poderes públicos es necesario que se adopten medidas de ahorro y control del alumbrado, tales como promover la sustitución de equipos de alumbrado de bajo rendimiento por otros más eficientes, adecuar los niveles de iluminación a las necesidades reales, reduciéndolos a partir de una hora determinada o regulando el encendido y apagado de las iluminaciones publicitarias y ornamentales.

· Las posturas relativas a la contaminación lumínica, especialmente si se trata de alcanzar unos objetivos fijados en un plazo determinado, deben concretarse en la promulgación de normas, reglamentos y/o leyes que fomenten la protección del medio ambiente contra este nuevo tipo de contaminación. Sería muy conveniente que los proyectos de las instalaciones de alumbrado incluyeran un estudio de impacto ambiental en el que se considerasen los temas aquí tratados, con inclusión de las medidas correctoras en caso necesario.

· Fomentar la investigación multidisciplinar sobre las causas y efectos de la contaminación lumínica, tanto desde el punto de vista técnico como desde el urbanístico, social y ecológico.

· Por último, hay que insistir en la importancia de las campañas de información y concienciación dirigidas no sólo a los responsables públicos y proyectistas del alumbrado sino también a la ciudadanía en general, con una especial atención a los más jóvenes.




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